¿QUE DICEN LOS DISCURSOS DE RENDICION DE CUENTAS? ¿QUE ¨DEBERIAN¨ DECIR?
¿QUE DICEN LOS DISCURSOS DE RENDICION DE CUENTAS? ¿QUE ¨DEBERIAN¨ DECIR?
- Una mirada desde la Planificación de largo plazo.
- Propuesta conceptual de Índice de evaluación.
La Constitución dominicana
establece la obligación presidencial de rendir cuentas sobre la administración,
creando una gran expectativa cada año. Sin embargo, surge una pregunta
fundamental: ¿Cuál es la información que es realmente valiosa para la
sociedad cada vez que llega ese momento? Más allá de la natural intención
que tienen los Gobiernos de turno de generar una percepción positiva y
optimista de la gestión, es crucial que como sociedad desarrollemos criterios
propios para responder nosotros mismos esta cuestión.
Desde una perspectiva técnica,
los discursos presidenciales a menudo se quedan cortos. Solamente presentan
logros coyunturales y se dedican a realizar una especie de listado de
"buenas noticias", que muchas veces, carecen de una vinculación
lógica e integral con la planificación del desarrollo a largo plazo con la que
cuenta el país.
Lo anterior, es muy importante
tenerlo en cuenta a la hora de demandar una buena rendición de cuentas a los
Gobiernos. La gestión del mismo no solo debe enfocarse en la administración
inmediata de la coyuntura, sino que su rol esencial es impulsar el progreso
y el desarrollo sostenido de la nación, entendiendo cada año como una etapa
sumativa dentro de un sendero de desarrollo mucho más amplio.
En este contexto, la sociedad
dominicana, con una conciencia cada vez mayor de sus derechos, está en una
posición más adelantada que en tiempos pasados, para exigir una rendición de
cuentas que vaya más allá de un recuento de buenas noticias o de las labores
cotidianas de las instituciones, demandando respaldo suficiente en los datos
que se presentan. La ciudadanía debe exigir a sus gobernantes que utilicen el
escenario de la rendición de cuentas para informar sobre el rumbo estratégico
de la nación, mirando más allá del corto plazo.
A mi entender, un ejercicio de
rendición de cuentas saludable implica que el/la gobernante de turno no tema
destacar los desafíos pendientes. Esta transparencia es un acto de valentía que
impide encubrir problemas sistémicos y evita la superficialidad, apuntando
decididamente a la superación de las ineficacias estatales. Al mismo tiempo,
proporciona una mayor cantidad de herramientas esenciales a los actores
veedores de la sociedad para un control más efectivo y constructivo.
Es innegable que los discursos
presidenciales poseen una función política inherente, buscando generar impacto
emocional y ser memorables, a menudo con un componente populista inevitable.
Los/as presidentes, como líderes de estructuras político-partidarias, tienen
incentivos para transmitir una imagen positiva y alentadora, utilizando a
conveniencia, la información disponible. Aun así, se hace menester demandar un
mensaje sustantivo que permita comprender los niveles reales de progreso.
Como académico y aficionado de la
Historia Económica y del estudio de los Enfoques del Desarrollo que soy, he identificado
en los países democráticos de las últimas décadas (y siglos), varias características
y patrones. Uno de los más significativos es, que: los presidentes de turno
ejercen un papel importante, son una especie de condicionantes
en el camino hacia el desarrollo; sin embargo, no son el factor determinante
y único del mismo. De allí la importancia de entender que la rendición de
cuentas, aunque cumpliendo con otros fines, debe centrarse en aspectos del
progreso y el desarrollo a largo plazo, trascendiendo la gestión individual del
mandatario; posicionándolo como una pieza dentro de un panorama mucho más
amplio y un camino de progreso continuo, del que él mismo constituye apenas un
peldaño. En la medida que el discurso se acerque a estos preceptos, mayor debería
ser su valoración, y viceversa.
II. Marco Conceptual y
Metodológico del análisis: La Lupa de la Planificación
Considerando lo anterior, el
presente escrito busca analizar la concordancia de los discursos presidenciales
de rendición de cuentas anuales con esa visión de largo plazo, específicamente
desde la perspectiva de la planificación del desarrollo y la institucionalidad
operativa de sus instrumentos. Para ello, es fundamental comprender, en su
justa dimensión y alcance, los dos principales instrumentos de planificación en
la República Dominicana, y que mayor incidencia tienen en el establecimiento de
lineamientos estratégicos a nivel nacional: la Estrategia Nacional de
Desarrollo (END) 2030, que actúa como la hoja de ruta de largo plazo y define
la visión y objetivos nacionales, y el Plan Nacional Plurianual del Sector
Público (PNPSP), que traduce estas directrices en programas y acciones concretas
de mediano plazo para la gestión gubernamental.[1]
Como muestra inicial, he tomado
el discurso presidencial de rendición de cuentas del 27 de febrero de 2025,
notable por su extensión (el segundo más largo en la historia democrática
reciente) y la mención de una gran cantidad de información cuantificable, en un
esfuerzo destacable por mostrar resultados y avances.
La pregunta central de este
análisis es: ¿Cómo se alinea dicho discurso con la óptica de la
planificación del desarrollo a largo plazo? Intentar responderla nos permitirá
evaluar no solo la calidad del discurso, sino también por su lado, la eficacia
del sistema de planificación para establecerse como marco real para la toma de
decisiones y la rendición de cuentas de la más alta instancia del Poder
Ejecutivo.[2]
La metodología se centró en la
identificación de la información con valor cuantitativo contenida en las
palabras del presidente (253 informaciones con valor cuantitativo o
"indicadores" fueron mencionados por el mandatario). Una vez
identificados, los clasifiqué, según su naturaleza[3],
en indicadores de insumo, proceso, resultado o impacto, conforme a las
definiciones conceptuales establecidas en los manuales de planificación.
Posteriormente, evalué su vinculación directa con los principales
instrumentos de planificación nacional: la Estrategia Nacional de Desarrollo
(END) 2030 y el Plan Nacional Plurianual del Sector Público (PNPSP).
Adicionalmente, asigné otras características específicas de la presentación de
estos datos por parte del discurso, incluyendo si se realizaban o no comparaciones
con años recientes, si se efectuaba o no una evaluación respecto a metas
finales preestablecidas, y si se declaraban metas futuras para los
indicadores mencionados. De esta manera, busqué comprender de una forma más
detallada la alineación del discurso con los principios que rigen la
planificación del desarrollo de largo plazo.
III. Hallazgos del Análisis: Nivel
de conexión entre Discurso y Planificación
Asimismo, apenas 46
indicadores (18.18%) se contenían (literalmente) simultáneamente en el Plan
Nacional Plurianual del Sector Público (PNPSP) 2021-2025, el principal
instrumento de planificación de mediano plazo; el que precisamente traza los
lineamientos a las instituciones que proveyeron la información al presidente. (Siendo
un discurso en el que se rinde cuentas sobre el año 2024, periodo contenido en
el PNPSP vigente en ese momento, es de interés contrastar esta correspondencia
con el instrumento).
Los indicadores que más abundan en el PNPSP son los de procesos, insumos y resultados. Es ilógico y poco congruente que la Asamblea solo escuche sobre 46 vinculados a este instrumento. Esto no representa más de un 8% del total del PNPSP. O lo que es lo mismo: de cada 10 indicadores de la planificación de mediano plazo, solo un poco menos de 1 está mencionado en el discurso.
La ausencia de una perspectiva de largo plazo es notable en la presentación de los datos. Solo en 44 casos (17.4%), el presidente hizo comparaciones con años recientes. Una proporción baja que no permite visualizar tendencias para el 82% restante de la información provista. De igual forma, es altamente llamativo que en ningún caso se evaluó si el resultado de 2024 representaba un ritmo de avance suficiente para alcanzar metas futuras (me refiero a metas futuras plasmadas en los instrumentos, independiente de si el discurso sugiere algún logro), y ninguno de los indicadores vinculados a la END o al PNPSP fue evaluado en términos de su meta final (importante destacar que esa es la virtud de arrastre que tienen los indicadores de estos instrumentos de planificación: establecen un marco de metas!).
Respecto a las proyecciones, de
los 24 indicadores (9.5% del total) para los cuales el presidente
anunció metas, solo 7 (29%) eran de la END y 2 (8%) del PNPSP, lo
cual es una proporción muy baja si se cuestiona cual es la medida en que los
altos mandatarios toman como referencia las metas de desarrollo establecidas,
para que si ellos mismos quisieran replantearlas durante el discurso, se
entienda que lo hace en el marco de un proyecto de nación que se encuentra en
curso.
En cuanto a la naturaleza de los
indicadores, la distribución fue: 48 (19%) de proceso, 59 (23.32%) de
insumo, 105 (41.5%) de resultado, y 41 (16.21%) de impacto. Es preocupante
que casi la mitad de la información se centrara en "esfuerzos"
(insumos y procesos), aunque eso no es lo que debe alarmar. Lo que llama la
atención es que se diluye la vocación planificadora de esas palabras cuando en
su gran mayoría, se trata de indicadores no contenidos en los instrumentos de
planificación nacional.
La escasa alineación con el PNPSP
(aunque por la naturaleza y alcance del instrumento, es mayor que la que se
tiene con la END) es un hallazgo crítico. De los 48 indicadores de proceso
mencionados en el discurso, solo 8 (16.67%) se encuentran en el PNPSP
2021-2025. Dado que el PNPSP pudiera contar en un momento (varía con las
actualizaciones anuales) con alrededor de 600 indicadores de desarrollo, uno
puede intuir que el nivel de cobertura temática de los mismos es bastante
elevado.
¿Qué pudiera proyectar esto? ¿Estamos
improvisando? ¿Sabemos cómo país ser consecuentes con los pactos establecidos? ¿Navega
bien el barco porque no se le está entrando agua? ¿O navega bien porque además
de no entrársele agua está inequívocamente dirigiéndose a su destino?
El discurso también evidenció una
fragmentación estratégica al mencionar explícitamente 8 planes e iniciativas
(Cito como fueron pronunciados: Plan San Juan, Plan Integrado de Santo Domingo,
Plan de Zona, Estrategia de Reducción de Embarazo Adolescente, Estrategia HEARTS,
Pacto por la Seguridad Vial, Plan estratégico por una vida libre de violencia y
Plan plurianual para transferir internos a nuevas instalaciones presidiarias)
sin percibir claramente en las palabras del mandatario, un hilo conductor que
enmarcara orgánicamente dentro del Sistema de Planificación estas iniciativas. Se
genera con ello un pequeño remolino de información con aromas planificadores,
pero que sabemos carece de congruencia en medio de una alocución que en ningún
momento menciona al Sistema de Planificación, la END o al PNPSP.
Por otro lado, se identificaron
fallas en la calidad de los datos y en el enfoque del discurso. Muchos
indicadores de resultados del PNPSP y la END fueron "encubiertos" con
indicadores parecidos o "proxy", o, más grave aún, se omitió la cifra
oficial para 24 indicadores clave (9.5% del discurso), incluso cuando se
realizaban comparaciones con años anteriores (Es decir, en algunos casos el
presidente afirmaba que el país estaba mejor que años anteriores, pero no
ofrecía la cifra). También hubo imprecisiones relacionadas con la falta de
especificación del marco temporal.
Es criticable igualmente, el uso
extensivo del tiempo para enumerar actividades rutinarias y obras menores (como
construcciones y remozamientos viales que a menudo son mantenimiento), las
cuales, aunque positivas, no necesariamente reflejan un avance estratégico y,
en ocasiones, se reportan en una categoría confusa, denominada "intervenidas",
sin especificar su estado de conclusión.
IV. Causas de la Desconexión
Un aspecto recurrente y
criticable en los discursos de rendición de cuentas es la tentación de dedicar
un tiempo excesivo a enumerar un sinfín de actividades institucionales. Si las
analizamos bien podemos darnos cuenta de que estas son, en esencia, el día a
día del aparato público. Se reflejan de manera presupuestaria como ítems de
gasto. No son logros en sí mismo, son actividades. Si no se complementa esta
información con indicadores de impacto y resultado suficientes, resulta
imposible determinar si los recursos y esfuerzos desplegados son verdaderamente
efectivos o simplemente representan el cumplimiento de labores rutinarias.
Existen ilustraciones claras de
esta práctica en este discurso analizado. Se incluye la mención de ferias de
empleo, formación de docentes o entrega de servicios sin presentar datos
completos ni vincularlos, por ejemplo, a mejoras en la calidad de vida de las
personas, a la competitividad económica del país o al fortalecimiento de la
capacidad institucional del Estado. De igual forma, se celebra la entrega de
títulos de propiedad, pero no se contextualiza, por ejemplo, con el porcentaje
total de agricultores sin títulos; se capacita a maestros sin reflejar
resultados en el aprendizaje de los estudiantes y así por el estilo. Se revela
un énfasis en los "insumos" y "procesos" sin una clara
conexión con los "resultados" e "impactos" deseados.
Otra debilidad de la estructura
del discurso es la dedicación explícita de cuantiosos minutos a enlistar
construcciones, reconstrucciones y remozamientos de tramos viales. Si bien
estas obras son parte de la labor de mantenimiento y desarrollo de
infraestructura, su detallada enumeración puede ocupar un espacio
desproporcionado en el discurso, sin necesariamente reflejar un avance
estratégico significativo. Ni siquiera representando una cantidad relevante de kilómetros
cubiertos, o de áreas conectadas. (Yo puedo invertir muchos minutos enunciando
los nombres de las cuatro calles que circundan mi barrio, pero ¿Es
representativa esta área dentro del territorio nacional de interés? ¡Una ínfima
parte! ¿Me doy a entender? Además, como
dijimos anteriormente, en el discurso constantemente se reportan obras
"intervenidas" que aún no están concluidas, sin especificar su estado
real.
Es importante señalar que estas
reflexiones no constituyen una crítica personal al mandatario de turno, sino
que apuntan a las limitaciones inherentes a los mecanismos y procesos actuales,
con miras a mejorar. Resulta desafiante para cualquier presidente elaborar un
discurso sustancialmente diferente, dadas las restricciones y los incentivos
existentes. Yo trato de ponerme en su lugar, y probablemente cuente con las
mismas limitaciones e incentivos.
Una de estas limitaciones es la
fecha del discurso (principios de enero), que dificulta contar con datos
actualizados de cierre del año fiscal, especialmente para indicadores de
resultado e impacto, cuyas fuentes de información no suelen estar consolidadas
para esa fecha.
Esta situación, sin embargo,
representa una oportunidad de oro para reivindicar los principios de la
planificación a largo plazo y fomentar su cultura. Los mandatarios tienen la
capacidad de influir significativamente en esta concepción. Si la "Presidencia
de turno" busca dejar una impronta en este sentido, está perfectamente
facultada para instruir a todo el sector público a que la información reportada
se enmarque bajo la visión de desarrollo nacional y sus respectivos
instrumentos en ejecución. Un liderazgo que transmite este mensaje posiciona la
planificación como un elemento central e ineludible de la gestión pública.
Por otro lado, en ninguna
circunstancia un discurso de rendición de cuentas debe incluir información
afirmativa sin sustento estadístico. Es inaceptable encontrar afirmaciones sin
datos que las respalden, sin importar lo potente que sea el enunciado.
Asimismo, los anuncios importantes, como obras o regulaciones, pierden impacto
cuando no se vinculan directa y claramente con grandes resultados de desarrollo
o con la ejecución de una estrategia integral, lo que puede dar la impresión de
improvisación.
Un punto crítico de incoherencia
surge cuando el discurso aborda reformas institucionales, incluso de índole
constitucional, pero omite por completo la mención de la Estrategia Nacional de
Desarrollo (END) 2030 o el Sistema Nacional de Planificación e Inversión
Pública (SNPIP). Esto no es coherente. Las gestiones reformadoras se conciben
bajo una visión de largo plazo y fortalecimiento institucional, y el hecho de
no enmarcarlas en los instrumentos de planificación existentes genera ruido y
desconcierto, tanto para el público técnico como para el ciudadano común.
Resulta esencial que, al menos, se haga una referencia nominal a estas hojas de
ruta aprobadas.
Si bien no estoy abogando por un
reporte exhaustivo de la END o el PNPSP en el discurso presidencial (Ya el
Sistema contempla las instancias para ello), resulta altamente
"dislocado" escuchar cientos de indicadores en tono positivo sin que
se resalten algunos de los desafíos, rezagos o la insuficiencia en determinados
renglones relacionados con los mismos. Una reflexión más rica y valiosa se
logra al presentar tanto el comportamiento positivo de un indicador como la
brecha existente para alcanzar las metas nacionales. Esta sinceridad,
proveniente de la máxima autoridad ejecutiva, se transforma en un gesto de
valentía que genera confianza y abre oportunidades para redirigir
intervenciones y proponer mejoras, impulsando un progreso genuino.
La causa fundamental de la
desconexión radica en que la planificación y el discurso no están alineados; hoy
día hablan "lenguajes distintos". Mientras la comunicación política
prioriza la presentación de logros para dar la impresión de avance, los
sistemas de gestión pública y planificación se diseñan para establecer marcos
de resultados como la base objetiva de la evaluación. Esta divergencia se
agrava porque muchas instituciones suministran información sesgada hacia buenos
resultados (¡obvio, desde presidencia eso le piden!), sin importar su
alineación con los esquemas de planificación. Para corregirlo, es crucial
fortalecer los protocolos de suministro de información, asegurando que la
información venga "codificada" en el lenguaje del desarrollo y que
exista una mejor coordinación interinstitucional para evitar que la presidencia
se entere de los avances en planificación el mismo día del discurso (Y
viceversa, los actores del sistema se enteren de los indicadores que usará el
presidente días antes).
V. Conclusiones y
Recomendaciones para una Rendición de Cuentas Transformadora
Es imperativo que la sociedad, a
través de sus diversos estamentos, exija una rendición de cuentas que esté
verdaderamente encaminada dentro de un plan integral de desarrollo a largo
plazo. Los mandatarios y sus equipos deben entender que su rol trasciende la
mera administración de recursos públicos; están llamados a ser eficaces en el
logro de resultados de desarrollo, impulsando a la nación a un salto
cualitativo y fortaleciendo los mecanismos y sistemas de gobernanza para el
futuro.
Reitero que este análisis no
busca culpables, sino aportar al fortalecimiento de la institucionalidad del
país. Para ello, es fundamental alinear las estrategias, los discursos, los
planes y los datos, asegurando que todo sirva para avanzar hacia un desarrollo
sostenible medible, que trascienda el cortoplacismo. Esto requiere autoridades
que se comprometan genuinamente con la coherencia institucional, que construyan
una narrativa estratégica sólida y que demuestren un liderazgo firmemente
comprometido con la planificación de largo plazo.
Si el Estado dominicano ha
invertido décadas en construir un Sistema Nacional de Indicadores de
Desarrollo, es lógico esperar que el discurso de rendición de cuentas refleje
el progreso hacia la visión de desarrollo a largo plazo ya acordada, y que por
ende, se relaciona con este. Un buen discurso no solo debe informar sobre
el año transcurrido con indicadores relevantes de eficacia, sino que al menos
un mínimo de su contenido (A mi entender, no menos del 50%) debería provenir
estrictamente del marco de desarrollo que la END y el PNPSP establecen (Si me
preguntan, para ser coherentes, no menos de un 75% de los indicadores del PNPSP
y los años previos a las elecciones, no menos del 50% de los indicadores de la
END. Después de ese mínimo, que la presidencia agregue todos los que quiera,
según coyuntura).
Es igualmente crucial que los
discursos dediquen capítulos a hablar de desafíos. Aunque políticamente
delicado, un/a gobernante con valor estadista y visión de largo plazo
responsable mencionaría los retos pendientes, acompañándolos de las acciones
correctivas o reforzadoras. Un discurso que reconoce los esfuerzos, pero
también las limitaciones estructurales e históricas para alcanzar el impacto
esperado, sería más adecuado, realista y mejor recibido, ya que la sinceridad
aumenta la confianza y la posibilidad de progreso. Digamos que no todos los
años, pero al menos el cuarto del periodo gubernamental debería tener ese tono más
reflexivo y de largo aliento, por tratarse del cierre del periodo de Gobierno.
Todos debemos sumarnos a la
crítica cuando se utilizan indicadores irrelevantes o sin datos para dar la
impresión de progreso. La sociedad necesita escuchar lo que está sucediendo
realmente, en materia de calidad de vida, competitividad, capacidad
institucional, resiliencia y sostenibilidad ambiental, transparencia, entre
otros; dimensiones que requieren indicadores de impacto y resultado. La foto
está incompleta si en estas áreas la mayoría de lo que se reporta es el
“esfuerzo” realizado, sin dejarnos claro si ello se traduce o no en el
resultado que se espera. Los equipos presidenciales tienen a su disposición casi
toda la información necesaria en el Sistema Nacional de Planificación para
garantizar este equilibrio y pertinencia. Casi todo se encuentra formulado,
monitoreado y sistematizado bajo el esquema de cadena de valor pública con las
que se construyen los planes de las instituciones[5].
De igual manera, debemos
destacar que los hallazgos de este análisis revelan una oportunidad de mejora
en el sistema de planificación y su capacidad coordinadora: la normativa
que rige la recolección y procesamiento de la información para los discursos de
rendición de cuentas debería obligar a la coherencia con los instrumentos de
planificación nacional.
Y es que no se le pueden lanzar
todos los dardos solo hacia el lado de la Presidencia. Existe, de igual
forma, un llamado de alerta al proceso de formulación y actualización dentro
del Sistema Nacional de Planificación e Inversión Pública (SNPIP), así como
para fortalecer los procesos de comunicación entre la planificación y las
instancias de la Presidencia. La información utilizada para la elocución no
debe ser una sorpresa el día del discurso, sino el fruto de una coordinación y
alineación constantes, evitando la desconexión entre la lógica de comunicación
política y los sistemas de gestión pública. Para esto, si bien hemos destacado
lo anterior, es menester que el hoy Ministerio de Hacienda y Economía esté al
día con las prioridades presidenciales, que incluso en el marco del desarrollo
de mediano plazo, van ajustándose y mutando constantemente, muchas veces más en
su forma que en el fondo.
Para avanzar hacia una rendición de cuentas verdaderamente transformadora, es recomendable lo siguiente:
- Fortalecer la vinculación normativa, mejorando los mecanismos legales y reglamentarios que aseguren la coherencia entre el discurso presidencial y los instrumentos de planificación como la END y el PNPSP.
- Además, se debe promover una narrativa de desarrollo a largo plazo, incentivando que el discurso contextualice las acciones utilizando indicadores de impacto y resultado pertinentes.
- Asimismo, es fundamental fomentar la transparencia en materia de desafíos y soluciones, incluyendo la mención de brechas y acciones correctivas para una comunicación más realista.
- También se deben mejorar los protocolos de suministro de información, reforzando los criterios para que la información institucional esté alineada con los marcos de planificación y permita una evaluación clara de resultados e impactos, evitando datos aislados o de proceso, sin contexto de desarrollo.
- Finalmente, se recomienda fortalecer la coordinación interinstitucional entre el SNPIP y la Presidencia para asegurar que la información de planificación se integre orgánicamente en la preparación del discurso.
VI. Medición de la vocación planificadora
de largo plazo del discurso presidencial.
Para darle una mayor objetividad
y rigurosidad a este análisis de los discursos, considero pertinente
desarrollar un Índice (¿Capacidad discursiva de la institucionalidad del
Desarrollo?, bueno no sé, el nombre se le pone después
) que
permita medir y monitorear la coherencia y efectividad de la institucionalidad
del desarrollo, apuntando a la alineación entre planificación, ejecución y
rendición de cuentas. Para que un instrumento evaluativo como ese sea
utilizable, debería haber una convicción profunda por parte de la presidencia
de turno sobre los principios de la planificación, ya que la historia ha
demostrado que la planificación tiene un techo en su propio desarrollo
determinado por esta priorización.[6]
Como un aporte al arsenal
analítico, propongo (para quien se quiera sumar o incluso quiera llevar a cabo
el cálculo) lo que debería ser este Índice (Sigo pensando en nombres
): ¿Índice
de Solidez Planificadora de los Discursos Presidenciales?). Como ya
dije, este índice ayudaría mucho para que de manera objetiva, año tras año, se
pueda ponderar la calidad y la coherencia de la rendición de cuentas bajo una
lupa de desarrollo de largo plazo. Los criterios clave y valores ponderables,
considero que deben incluir:
- Alineación Estratégica (Alta Ponderación):
Medida por el porcentaje y la relevancia de los indicadores del discurso
que se vinculan directamente con la Estrategia Nacional de Desarrollo
(END) 2030 y el Plan Nacional Plurianual del Sector Público (PNPSP). Se
valoraría la mención “explícita” y la contextualización de las acciones
dentro de estos marcos de planificación.
- Perspectiva Temporal y Evaluación de Metas
(Ponderación Media-Alta): Se evaluaría la proporción de información
que permite visualizar tendencias históricas y, crucialmente, la
existencia de una evaluación del avance respecto a las metas nacionales
establecidas. Se penalizaría la ausencia de proyecciones o la falta de alineación
de las metas anunciadas con los planes existentes.
- Calidad y Naturaleza de los Indicadores
(Ponderación Media): Se priorizaría el uso de indicadores de resultado
e impacto sobre los de insumo y proceso, buscando un equilibrio que
refleje el progreso tangible sobre la mera actividad. Se penalizaría la
omisión de cifras o el uso de datos aproximados ("proxy") cuando
existan cifras oficiales.
- Transparencia y Abordaje de Desafíos
(Ponderación Media): Se valoraría la inclusión explícita de desafíos,
brechas y áreas de mejora, acompañada de propuestas de acciones
correctivas o estrategias para superarlos, proyectando una visión realista
y proactiva.
- Rigor Estadístico y Coherencia (Ponderación
Media-Baja): Se penalizaría la presencia de afirmaciones sin respaldo
de datos o la falta de precisión en los marcos temporales de las
informaciones presentadas.
- Coordinación Institucional (Ponderación
Media-Baja): Se evaluaría la evidencia de una integración fluida de la
información del Sistema Nacional de Planificación e Inversión Pública
(SNPIP) en la preparación del discurso, indicando una coordinación
efectiva entre las instancias técnicas y la Presidencia.
En un escenario ideal, este
índice, a desarrollar en futuras investigaciones, se nutrirá del análisis
comparativo de discursos anteriores y venideros, buscando fomentar una
rendición de cuentas más robusta y orientada al desarrollo. Probablemente,
próximas entregas sobre esta temática, incluyan este mismo artículo, anexando
un enlace para visualizar la evolución de los resultados del cálculo.
[1] La END 2030 cuenta con 99 indicadores de varios tipos para su monitoreo y el PNPSP con alrededor de 600 (varían con actualización anual.)
[2] Discursos de años anteriores serán incluidos para completar el análisis histórico-comparativo.
[3] Tipos de Indicadores: Indicadores de Insumo: Miden los recursos financieros, humanos, materiales y tecnológicos utilizados para llevar a cabo una intervención o programa. Responden a la pregunta "¿Qué recursos se utilizaron?". Indicadores de Proceso: Miden las actividades realizadas y los productos directos generados por una intervención. Responden a la pregunta "¿Qué se hizo?". Indicadores de Resultado: Miden los cambios o beneficios inmediatos o a corto plazo que se logran gracias a la intervención. Responden a la pregunta "¿Qué se logró a corto plazo?". Indicadores de Impacto: Miden los cambios de largo plazo o los efectos más amplios y duraderos generados por la intervención en la población o en el problema abordado. Responden a la pregunta "¿Qué cambio fundamental se generó?".
[4] Para realizar esta identificación se valoró la mención exacta del indicador en cuestión. Es decir, que nominalmente sea el mismo indicador que se encuentre o no en los instrumentos de planificación consultados.
[5] Igual es un
reto para el sistema la actualización permanente. No quiero decir que no hay
aspectos a completar. Sin embargo, se crea un entorno de mayores incentivos y
claridad cuando a los datos del monitoreo de la planificación se le agrega
semejante cliente interno: Un presidente para su discurso.
[6] Condicionante mayor: Que la
presidencia esté convencida de lo argumentado aquí. La historia ha demostrado
que la planificación tiene un techo de su propio desarrollo y este se llama “La
priorización de parte del presidente de turno de los principios de la
planificación”.





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